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TOMAR DECISIONES

Tener el poder de tomar decisiones es uno de los privilegios más valiosos pero a la vez más difíciles. Cuando la duda nos paraliza a veces, nos mareamos evaluando alternativas o tratando de acertar a la opción correcta. Pero… ¿Qué es lo realmente importante al momento de decidir? ¿En qué debemos basarnos para tomar decisiones beneficiosas para nuestro crecimiento personal?

Sin duda al momento de tomar decisiones importantes necesitamos conocernos primero y confiar en nosotros mismos. También necesitamos tener en claro que cometer errores y arrepentirnos de las decisiones tomadas es parte de vivir una vida siendo uno mismo protagonista.

No todas las decisiones son de la misma dimensión. Hay decisiones ligeras que no generan demasiado impacto en nuestra vida y hay otras que marcan un antes y un después, que son cruciales y nos pueden conducir por caminos muy diferentes sin saber lo que nos espera al otro lado de la puerta.

Podemos estar divididos entre la opción de tacones o tenis, comer una hamburguesa o una ensalada, salir a las seis de la mañana o a las ocho… nuestra vida no tendrá demasiado impacto si elegimos cualquier opción, por lo que no debemos preocuparnos. Pero que sucede cuando nos debatimos entre renunciar o no de un trabajo, cambiarnos de carrera, continuar una relación de años o separarse.

En tiempos de incertidumbre o cuando la vida nos pone ante un obstáculo, decidir es un proceso difícil. Podemos quedarnos paralizados ante una interminable lista de pros y contras, mareados ante una enorme cantidad de opiniones que los demás nos dan o bloqueados por una ansiedad que no nos deja pensar con claridad.

¿Qué debemos tener en cuenta al momento de tomar decisiones?

Al momento de tomar decisiones difíciles, más que focalizarnos en las alternativas entre las cuales nos cuesta decidir, necesitamos dar un paso atrás y enfocarnos en la esencia de la decisión en sí misma. Precisamos olvidarnos de si aquí o allá, irnos o quedarnos, claro u oscuro y valorar un sentido más psicológico o filosófico del acto de decidir. Por lo que algunos aspectos para tomar en cuenta son…

  1. Los errores forman parte del camino

Cometer errores no solo no es grave, sino que es necesario para vivir una vida de realización. Quien no ha cometido errores, nunca se ha arriesgado lo suficiente como para sentir con intensidad su vida. Asumir desafíos nos da la posibilidad de crecer con cada experiencia, de explorar, de aprender y de cultivar aspectos de la personalidad que desconocíamos. La incertidumbre también nos ayuda a sentir aprecio, sorpresa, orgullo, alegría, humildad, inspiración y todas las otras cosas que hacen que la vida sea interesante y satisfactoria. No hay manera de garantizar que no tomaremos malas decisiones ni que nunca nos arrepentiremos… porque aun viajando sin penas ni perfecciones, andando tranquilos por la vida, corremos el riesgo más grande: vivir una vida marchita.

2. Déjate guiar por tus valores, no por el miedo.

A menudo nos dejamos llevar por el miedo a lo que podría salir mal. ¿Qué pasa si luego me arrepiento? ¿Y si me aburro? ¿Y si pierdo tiempo? ¿Y si malgasto mi dinero? ¿Y si es diferente a como espero? Los factores del miedo que pesan en la balanza son interminables. Si el miedo orienta nuestras decisiones nos quedaremos estancados por miedo a dar un paso en falso.

En lugar de tomar una decisión basada en los miedos que deseamos evitar, hagámoslo en función de los valores hacia los que deseamos avanzar. Los valores son principios generales que orientan nuestra vida y lo bueno de ello es que podemos elegirlos. Integridad, estabilidad, libertad, prestigio, coraje, paz, honestidad, responsabilidad… Cada uno necesita preguntarse ¿Qué es lo que valoro más? ¿Qué es importante cultivar en mi vida? ¿Cómo me quiero sentir? No hay aquí respuestas correctas o incorrectas. Cuanto más nuestras decisiones estén alineadas con nuestros valores, mejores nos sentiremos con quienes estamos siendo momento a momento.

Cuando sabemos lo que realmente valoramos, más clara se torna la decisión a tomar y menos arrepentimiento habrá porque sabremos que los aspectos negativos con lo que nos toque lidiar son parte del combo que supone vivir una vida coherente y afín.

3. ¿Emoción o Razón?

Con frecuencia escuchamos frases como “piensa con la cabeza” o “haz lo que sientas”. En verdad al momento de decidir tenemos que aprender a “sentir lo que pensamos y pensar lo que sentimos”. Es cuando tenemos un equilibrio entre la mente y el corazón que tomamos decisiones más equilibradas.

Con nuestra mente racional podemos hacer listas interminables de pros y contras, estableciendo factores a considerar en nuestra toma de decisiones. Supongamos que estamos tratando de decidir si nos quedamos con nuestra pareja actual o si nos vamos de esa relación. Podemos alistar que es inteligente, interesante, atractiv@, paciente, pero también algo egoísta, desorganizad@ e instable… Ahora, consulta tus valores. qué tiene más importancia en tu escala de valores: ¿la inteligencia o la estabilidad, la atracción o la generosidad?

Pero, ten en cuenta que tu mente emocional también juega un papel importante al momento de definir. Si tu balance de pros y contras apunta a permanecer en tu relación “porque tiene sentido, porque te cierra” pero sientes una gran decepción cuando llegas a esta conclusión. Puede que tu parte emocional tenga una información importante detrás de todas las creencias a las que has llegado de manera racional. Quizás uno de los contras puede guardar en secreto más valor de lo que crees.

4. Recompénsate por la experiencia obtenida y por las lecciones aprendidas.

Por supuesto, confiar en uno mismo no es como un grifo que podemos abrir cuando hay que tomar una decisión. La confianza en nosotros mismos es algo que debemos trabajar con el tiempo. Por eso, comienza sintiendo compasión por ti mismo. Dudar no tiene nada de malo, por el contrario, puede ser un signo de sabiduría y de consideración. Es mucho lo que crecemos cuando nos animamos a viajar en lo inadvertido, independientemente de los resultados que obtengamos. Por eso, celebra cada decisión difícil tomada, cada oportunidad de crecimiento y superación. Incluso si terminas lamentando tu decisión, porque aprendiste nueva información sobre cómo el camino sin caminar podría haber sido mejor, aun así, celebra. Has aprendido lecciones, adquirido habilidades y resistencia. Has añadido una cicatriz de la que sentirte orgulloso, pues te has animado a vivir tu vida con intensidad.

Sentir confusión, dudar, no saber cuál decisión tomar es indicio de estar viviendo una vida consciente, reflexiva y asumiéndose uno mismo como principal protagonista. Quien nunca duda, no es debido a una seguridad excelente sino a una desconexión respecto de cómo uno desea transitar su vida y ante que experiencias desea exponerse para evolucionar su consciencia.

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