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LA INSEGURIDAD PERSONAL Y EMOCIONAL

La inseguridad es uno de los problemas más frecuentes que se da hoy en día tanto personal y profesionalmente. Debido a que el mundo puede llegar a ser cada vez más estresante por lo que es normal que lleguemos a sentirnos inseguros. Sentimos mucha exigencia y nos puede llegar a desbordar, hasta el punto de no saber que hacer. ¿Pero qué es realmente la inseguridad?

La inseguridad es un estado psicológico que nace de la baja autoestima y de la falta de confianza en uno mismo y puede llegar a ser un gran impedimento en nuestra vida cotidiana. Las personas inseguras tienen dificultades en muchos ámbitos de su día a día en el trabajo, en las relaciones sociales, estudios… y es que sentirse que uno nunca es suficiente, es un peso muy grande del que debemos librarnos.

Se define la inseguridad personal como un estado en el que no somos capaces de confiar en nuestras destrezas y sentimos que no respondemos a las expectativas que nos imponemos.  Está surge de la duda constante hacia uno mismo, hacia las propias capacidades, sentimientos y manera de actuar. Esta duda nos paraliza y que, además, nos hace esperar una validación por parte de otras personas para alcanzar una falsa tranquilidad. También es importante entender que no nacemos con este sentimiento de seguridad o inseguridad, sino que se va construyendo a lo largo de nuestra vida. No obstante, existen ciertos rasgos de personalidad como la extroversión (interés por la gente y por el mundo externo), o la búsqueda de sensaciones (necesidad de probar cosas nuevas), que aumentan la probabilidad de adoptar un estilo de afrontamiento seguro; mientras que rasgos como la introversión (interés por tu mundo interior, poco interés por relacionarte con la gente), el neuroticismo (elevados niveles de ansiedad), y la dependencia emocional (necesidad de tener al lado a personas que consideras más fuerte que tú), aumentan la probabilidad de ser más inseguro.

Ahora bien, no podemos olvidar que la vida en sí es inseguridad e incertidumbre. El problema es que no somos conscientes de ello. Nos pasamos el día planificando y organizando, creando ilusiones hacia el futuro con la certeza de que todo ocurrirá como esperamos. Y de pronto, todo se rompe en mil pedazos, nos salimos del camino o simplemente, nos toca comenzar de nuevo.

Saber que todo puede cambiar en cuestión de segundos puede ayudarnos a vivir de otras maneras. Sin embargo, esto no quiere decir que adoptemos a la inseguridad como compañera de nuestra rutina, simplemente que la tengamos en cuenta. Esto no significa que debemos de ser inseguros, simplemente de vez en cuando tenemos que acordarnos de la inseguridad para evitar vivir en mundos imaginarios. Es decir, es bueno ser un poco inseguros a veces. Pero tener inseguridad en exceso también nos perjudica porque además de invalidar cualquier sentimiento de autoconfianza, está puede expandirse a cualquier ámbito de nuestra vida. Lo importante es saber diferenciar entre la inseguridad a nivel general como un indicador externo y la inseguridad emocional, un estado interno mucho más especifico que tiene que con nosotros y con como nos valoramos.

“Siempre he sentido que un nivel saludable de inseguridad te mantiene en curso. Si comienzas a sentirte demasiado bien contigo mismo ten cuidado, estás en problemas”. – Frank Gehry

CONSECUENCIAS DE SER INSEGUROS

La falta de seguridad en uno mismo trae consigo emociones negativas que, a su vez, no hacen más que incrementar el sentimiento de inseguridad. Entre ellas encontramos la ansiedad, la tristeza, el enfado con uno mismo, la culpa, y la vergüenza. Todas ellas hacen que la autoestima de la persona insegura vaya disminuyendo cada vez más, entrando en un círculo vicioso del que la persona insegura no puede salir.

Cuando estas emociones alcanzan una intensidad importante, duran demasiado, o son muy frecuentes, acaban por interferir en la vida de la persona, dando lugar a problemas psicopatológicos como los trastornos de ansiedad o síntomas depresivos, entre otros. A esto se le unen las repercusiones sociales, laborales, y en distintos ámbitos de la vida de la persona insegura, ya que sus opciones se limitan, y deja escapar a gente y oportunidades interesantes por el camino, algo de lo que en muchos casos son conscientes y que aumenta todavía más su malestar emocional.

CONSEJOS PARA SUPERAR LA INSEGURIDAD

  • Vence las emociones de la inseguridad: No te quedes con un simple “me siento mal” o “estoy de bajón”. En su lugar, pregúntate qué te ocurre exactamente, cómo se llama lo que sientes. ¿Sientes miedo, culpa, vergüenza, falta de motivación, baja autoestima…? Conocer tu emoción será el primer paso para poder afrontarla, pues no se vence igual el miedo que el sentimiento de culpa. A continuación, pregúntate qué es lo que te da miedo, te hace sentir culpable, o te ha hecho pasar vergüenza, y valora si el sentimiento es apropiado para la situación que lo desencadenó. ¿Realmente es para tanto?
  • Acaba con los pensamientos negativos: Toda emoción lleva emparejado un pensamiento. Anota esas cosas tan desalentadoras que te dices cuando experimentas las emociones anteriores, o a la hora de tomar una decisión, afrontar un nuevo reto, resolver un problema, etcétera. Para facilitar la tarea, pon en tres columnas lo que ha pasado, qué piensas sobre ello, y cómo te sientes al respecto. Así podrás comprobar que muchas emociones negativas derivan de lo que tú te estás diciendo, y no de lo que está pasando realmente. Ahora pregúntate si le hablarías así a un amigo que tenga que enfrentarse a la misma situación que tú. Seguro que con él no serías tan cruel. ¿Por qué lo eres entonces contigo?
  • Adopta conductas de afrontamiento: Lo que tú crees de ti está en gran parte definido por cómo ves que te comportas. Por eso, tu conducta es importante para tener un buen concepto de ti mismo, además de para desarrollar habilidades que hagan que te sientas más seguro contigo mismo. Las personas seguras de sí mismas no son aquellas que tienen una mejor capacidad de resolver problemas, sino las que más confían en esa capacidad. Por eso, prueba, afronta tus retos, y no tengas tanto miedo a equivocarte. Es muy raro que, a pesar de que el resultado no sea el esperado, te arrepientas de haber actuado; la gente se arrepiente más de “lo que pudo haber sido, que de lo que finalmente fue”. Hazlo, aunque sea con miedo, pero hazlo.

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